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e s t u d i a n t e s c r i s t i a n o s

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estudiantes cristianos

 

sobre las vocaciones por diversos autores:

Martin Lutero, sobre las vocaciones

 

Martin Lutero, sobre las vocaciones (tomado de "Biografía de Martín Lutero" por Roland H. Bainton, Ed.CUPSA)

En un sentido Lutero era más conservador que el catolicismo, puesto que abolió el monasticismo y eliminó así un sector selecionado para la práctica de la piedad superior. En consecuencia, la predicación del Evangelio podía ser contada entre las vocaciones seculares, sólo que Lutero se negaba a llamarlas seculares.

Así como había extendido el sacerdocio a todos los creyentes, extendió también el concepto del llamado divino, la vocación, a todas las ocupaciones dignas.

Nuestra expresión "guía vocacional" proviene directamente de Lutero. Dios ha llamado al hombre a trabajar porque Él mismo trabaja. Trabaja en ocupaciones comunes. Dios es un sastre que le hace a un venado un manto que durará mil años. Es un zapatero que le proporciona botas a las que el venado no sobrevivirá. Dios es el mejor cocinero, porque el calor del sol proporciona todo el calor que existe para cocinar. Dios es un repostero que prepara un festín para los gorriones y gasta en ellos anualmente más de las rentas totales del rey de Francia. Cristo trabajó corno carpintero. "Puedo imaginarme -decía Lutero desde el púlpito- a la gente de Nazareth en el día del juicio. Comparecerán ante el Maestro y dirán: 'Señor, ¿no construiste tú mi casa? ¿Cómo llegaste a este honor?'" La virgen Maria también trabajaba, y el más sorprendente ejemplo de su humildad es que después

de haber recibido la asombrosa noticia de que iba a ser la madre del Redentor, no se envaneció, sino que siguió ordeñando las vacas, fregando las ollas y barriendo la casa corno cualquier sirvienta. Pedro trabajaba corno pescador y estaba orgulloso de su habilidad, aunque no tan orgulloso que no aceptara la sugestión del Maestro cuando éste le dijo que echara las redes hacia el otro lado. Lutero comentaba:

Yo hubiera dicho seguramente: "Querido, no me enseñes. Predicar y pescar son dos cosas diferentes; tú sabes lo primero, yo lo segundo; yo no pretendo enseñarte a predicar, ¡no me enseñes tú tampoco a pescar!" Pero Pedro era más humilde, y por eso el Señor lo hizo pescador de hombres.

Los pastores trabajaban. Era un trabajo penoso vigilar sus rebaños por la noche, pero después de ver al Niño volvieron a él.

Seguramente esto debe de estar equivocado. Deberíamos corregir el pasaje y leer: "Fueron y tonsuraron sus cabezas, ayunaron, rezaron sus rosarios y se pusieron hábitos." En cambio, leemos: "Los pastores volvieron." ¿Adónde? A sus ovejas. Las ovejas habrían estado muy tristes si ellos no lo hubieran hecho así.

Como Dios, Cristo, la virgen, el príncipe de los apóstoles y los pastores trabajaban, así debemos trabajar nosotros en nuestras vocaciones. Dios no tiene manos ni pies propios. Debe continuar sus trabajos a través de instrumentos humanos. Cuanto más baja la tarea, tanto mejor. La lechera y el que acarrea estiércol ejecutan un trabajo más agradable a Dios que el canto de un salmo por un cartujo. Lutero nunca se cansó de defender las vocaciones que por una u otra razón eran despreciadas. La madre era considerada más baja que la virgen. Lutero replicaba que la madre muestra el modelo del amor de Dios, que se eleva sobre los pecados de los hombres, como el amor de la madre se eleva por sobre los pañales sucios.

Seguramente opinan algunos que el oficio de copista es un oficio fácil e insignificante, y que en cambio cabalgar vestido de armadura, sufrir calor, frío, polvo, sed y otras molestias es realmente un trabajo. Pero a mí me gustaría ver al jinete que pudiera quedarse quieto sentado todo el día, mirando un libro, aunque no tuviera que preocuparse, versificar, pensar ni leer. Colgar dos piernas sobre un caballo es algo que pronta se aprende; pero el arte no se aprende tan rápidamente y no se ejerce ni se practica tan fácilmente. Los que desprecian la

pluma se la ponen, no obstante, en lo alto, en su sombrero, mientras que ciñen su espada, que es su herramienta, en las caderas. La pluma de escribir es liviana, es verdad; pero los que trabajan con el puño, el pie, o cualquier otro miembro, pueden a la vez cantar con alegría o chancear libremente, cosa que no puede hacer, por cierto, un copista. Lo hacen con tres dedos (se dice de los copistas), pero todo el cuerpo y toda el alma colaboran. Preguntad a un maestro qué clase de trabajo es enseñar y educar a muchachos : es algo que nadie debiera hacer por más de diez años.

Lutero prefería centrar su pensamiento social alrededor de las vocaciones y tratar con los hombres en las posiciones en que se hallaban, pero no podía tratar bien todas las ocupaciones en forma puramente personal sin tomar en cuenta ambientes más amplios. Él clasificaba las reladones humanas -todas ellas buenas, por haber sido instituidas por Dios en la creación, antes de la caída del hombre- en tres amplios seaores. Estos tres sectores

son el eclesiástico, el político y el doméstico, inclusive el económico, que Lutero concebía principalmente en términos de la formación de una familia. Entre éstos, solamente el eclesiástico ocupó su pensamiento teórico en detalle. El estado em para él, por lo general, simplemente el magistrado, aunque encaraba el estado como una asociación para beneficio mutuo y, en vista de la caída del holnbre, como la institudón peculiarmente investida con el ejericio del poder coercitivo. En el campo de la economía consideraba menos las leyes abstractas de la oferta y la demanda que las relaciones personales entre comprador y vendedor, deudor y acreedor.
 

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