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e s t u d i a n t e s c r i s t i a n o s

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estudiantes cristianos

 

selección de sermones :

 

-Sobre la oración privada del ministro y la unción (de C.H.Spurgeom 1834 -1892)

-La conclusión, de John Bunyan (1628 -1688)

 

 

Anécdotas de Dwight Lyman Moody (1837-1899)

 EL ECO
   Quizás ustedes hayan oído el cuento del muchacho
que vivía en un bosque. Un día creyó escuchar la
voz de otro chico, allá a lo lejos. Gritó -¡Hola! jHo-
la!- y la voz le respondió -¡Hola! ¡Hola!- El niño
no sabía que se trataba del eco de su propia voz,
y entonces comenzó a gritar insultos que eran
contestados inmediatamente.
Después de un rato, entró a su casa y le contó a
la madre que había un muchacho muy malo en el
bosque. La madre, que comprendió el caso, le dijo
que le hablara bondadosamente al muchacho para
ver si le respondía del mismo modo.
El chico salió de nuevo, hizo la experiencia, y
encontró que sus palabras de cariño eran contestadas
de la misma manera.
Este cuento es bastante ilustrativo. Algunos de
ustedes piensan que tienen vecinos malos y desagra-
dables. Es probable que la dificultad esté en ustedes
mismos. Si ustedes aman a sus prójimos, ellos han de
amarles a ustedes.
 
CREYÓ EN LA PALABRA DEL PRÍNCIPE
   Cuenta la historia que un hombre fue condenado
a muerte. Citando ya iba a ser decapitado, el príncipe
que era el encarargado de la ejecución le preguntó si
tenía algo que pedir, Todo lo que el reo pidió fue
un vaso de agua. Cuando se lo trajeron, temblaba
tanto que no pudo acercar el agua a sus labios.
Entonces el príncipe le dijo que se tranquilizara,
pues nada le sucedería hasta que hubiese terminado
de beber esa agua. El hombre confió en la palabra
del príncipe, y arrojó el vaso al suelo. No pudieron
recoger el agua derramada, y así el reo se salvó.
 Mi amigo, tú puedes ser salvo ahora, ¿creyendo en
la Palabra de Dios. El agua de vida se ofrece ahora
 a todo el que quiera tomarla. Toma de ella y vivirás.
 
SE DABA POR ALUDIDO
   Mi esposa estaba enseñándole a mi hijito una
lección de Escuela Dominical. Le estaba explicando
la forma en que un pecado se convierte en un
hábito. El chico creyó que ya la cosa se le estaba
acercando demasiado, y entonces medio ruborizado
le dijo a la madre:
 -Mamita, me parece que te estás alejando mucho
del tema.
 
NO COMÍA SINO MIGAJAS
   Una vez oí contar al Reverendo Guillermo Arnot
acerca del perro de un amigo suyo. El animal entraba
al comedor, cuando la familia estaba sentada a la
mesa, y se quedaba quieto, mirando a su amo. Si el
amo le tiraba algunas migajas de pan, el perro saltaba
y las tomaba en el aire antes de que tocaran el suelo.
Pero si ponía un pedazo de carne en el piso, el
perro la miraba y no la tocaba, como si fuese algo
demasiado bueno para él.
-Así son muchos cristianos -decía el señor Ar-
not-, están satisfechos con comer migajas, cuando
Dios quiere darles comida abundante.
Venid sin temor al trono de la gracia, y obtened la
ayuda que precisáis. Hay abundancia para todos.
 
DOS PERSONAS LO CONVIRTIERON
   A un escocés se le preguntó una vez cuántas per-
sonas intervinieron en su conversión.
-Dos -fue la respuesta.
-¿Dos? ¿Cómo es posible? ¿No hizo acaso Dios toda
la obra?
-El Todopoderoso y yo me convirtieron. Yo hice
todo lo que pude en contra, y el Todopoderoso hizo
todo lo que pudo en favor, y triunfó El, alabado
sea su Nombre.
 
NUNCA VUELVE VACÍA...
   Hace muchos años, me dirigía a mi casa en
Chicago ví a un hombre que estaba apoyado
contra un farol. Me acerqué y poniéndole la mano
en el hombro le dije: -¿Es usted cristiano?
Se puso furioso, me amenazó y yo creía que me
iba a pegar- Le dije: -Siento mucho si le he ofendi-
do, pero me parecía que yo le estaba haciendo
una pregunta importante.
-¡No se meta en lo que no le importa! -me dijo,
rugiendo de ira.
-Es que sí me importa -le dije, al retirarme del
lugar.
   Unos tres meses más tarde, una mañana muy fría,
Poco después del amanecer, llamaron a mí puerta.
-¿Quién es? –pregunté antes de abrir.
   Una voz desconocida me contestó: -He venido
Porque deseo ser cristiano.
Abrí la puerta, y con gran sorpresa vi que estaba
allí el hombre que me había maldecido porque le
hablé esa noche junto al farol.
   Me dijo: -Le ruego que me perdone. No he
tenido paz desde esa noche. Sus palabras me han
perseguido desde entonces. Anoche no pude dormir,
y resolví venir para que usted orara conmigo.
   Ese hombre aceptó a Cristo, y el momento mismo
en que lo había hecho, preguntó: -¿Qué puedo hacer
para el Señor? Enseñó en la escuela dominical hasta
que estalló la guerra. Entró al ejército,  fue uno de los
primeros en morir, pero dejó un elocuente testimonio
para Dios.
 
POR LA MANERA DE CAMINAR
-Ese hombre ha estado en el ejército, o en un
colegio militar -le dije en cierta ocasión a un amigo,
-Efectivamente; pero ¿cómo lo supo?
-Por su manera de caminar.
   Es así con los cristianos. Podemos saber si han
estado con Jesús, por su manera de andar.
 
ASERRÍN O PAN
   Si usted sale a su jardín y arroja al suelo un poco
de aserrín, los pájaros no se fijarán en él; pero si en
cambio arroja migas de pan, en seguida verá cómo los
pajaritos bajan de los árboles para arrebatarlas.
   El que es realmente hijo de Dios conoce bien la
diferencia, por así decirlo, entre el aserrín y el
pan. Muchos que se dicen cristianos están comiendo
del aserrín del mundo, en lugar de ser alimentados
por el Pan que desciende del cielo. Lo único que
puede satisfacer los anhelos del alma es la Palabra
del Dios viviente.
 
¿QUÉ PODÍA HACER EL REY?
   En el Siglo 2° de nuestra era, llevaron a un cris-
tiano ante un rey que quería que el hombre aban-
donará a Cristo y al cristianismo. El soberano le
dijo: -Si no abandonas tu fe, te voy a desterrar.
El hombre, sonriendo, contestó: -Su majestad no
puede desterrarme de Cristo, que ha dicho:
"Nunca te dejaré ni te abandonaré."
Entonces el rey, enojado, le dijo: -Lo que haré es
confiscar tus bienes y quitarte todo.
El hombre respondió:
-Mis tesoros están en el cielo; usted no podrá
tocarlos. El rey se enojó aun más y dijo: -Lo único
que queda es matarte. -Pero -dijo el hombre-, hace
cuarenta años que estoy muerto. Morí con Cristo,
y mi vida está escondida con Cristo en Dios, por
lo que usted no podrá tocarla.
 
ALABANDO SIEMPRE
   Hace algunos años, se convirtió un hombre que
estaba siempre alabando al Señor. Vivía continua-
mente en la luz. A todo lo que decía en las reuniones
le anteponía siempre las palabras: ¡Alabado sea
 Dios! Una noche llegó a la reunión con la mano ven-
dada. Se había cortado, y bastante mal. Bueno, pensé,
veremos cómo alaba a Dios ahora. Pero el hombre
se puso de pie y dijo:
-¡Me he cortado el dedo!, pero ¡alabado sea Dios!
no lo perdí, como hubiera sido posible.
   Si las cosas andan mal, recuerda que podrían
estar mucho peor.
 
¡SÍRVASE USTED!
   Cuando yo estaba visitando la costa del Pacífico,
estuve en casa de un hombre qúe tenía viñedos y
plantaciones de naranjas. Un día me dijo: -Vea,
Moody, mientras usted esté aquí, quiero que se sienta
como si estuviese en su propia casa. Si hay algo qué
usted desea, sírvase no más.
   Bien, cuando yo quería comer una naranja, no iba
al naranjo a orar que las naranjas se cayeran del
árbol a mi bolsillo; lo que hice fue acercarme al
naranjo, estirar la mano y sacar las naranjas.
Mi amigo había dicho que me sirviera, y me serví.
   Dios dice: "Allí está mi Hijo; tómalo como tu
Salvador. La paga del pecado es muerte; pero la
dádiva de Dios es vida eterna."
 
EL ORDEN PERFECTO
   Hay muchas personas que temen apartarse en
cualquier sentido de las prácticas establecidas; temen
hacer cualquier cosa que esté fuera de orden. El
orden perfecto, se lo encuentra en un cementerio.
Hay orden perfecto donde hay muerte. Donde hay
vida encontraréis algunas cosas fuera de orden.
 
EL DEDO EN LA LLAGA
   Cuando un hombre se ha fracturado el brazo, el
médico tiene que descubrir el sitio. exacto en que
se encuentra la fractura. Empieza a tocar y a apretar
suavemente con los dedos. -¿Es aquí? -No, doctor.
-¿Aquí? -No. Pero después de un rato, el médico toca
una parte. -¡Áy!- dice el enfermo.
Es que ha sido descubierto el lugar afectado, y
duele. Una cosa es escuchar a un predicador que
ataca los pecados de los demás. Los hombres
escuchan con grandes aplausos, e invitan a otros
a escuchar la predicación. Pero tan pronto como el
predicador empieza a hablar de los pecados de ellos,
diciéndoles como Natán a David, "Tú eres el hombre,"
ya no les agrada más el sermón. Es que el predicador
ha puesto el dedo en la llaga.
 
MANTÉNTE BIEN CERCA
   El doctor Andrés Bonar solía decir que siempre es
fácil observar y seguir las pisadas de una persona
si andamos muy cerca por detrás de ella, pero que
si nos quedamos un poco lejos, resulta más difícil.
De la misma manera, si seguimos de cerca al Maestro
nos será fácil ver el camino, pero si tratamos de
seguirle de lejos muy difícil nos será conocer cuál
sea el sendero de su voluntad.
 
VALE POR DIEZ MIL SOLDADOS
   No nos dejemos llevar por el pesimismo o por las
criticas desalentadoras. En el nombre de nuestro gran
Capitán, debemos avanzar en la batalla hacia la vic-
toria. Hay algunos generales cuyos nombres valen
más que un ejército de diez mil soldados.
Durante la Guerra Civil en nuestra patria, había
algunos cuya presencia llenaba de alegría a todo el
ejército. Cuando pasaban por las filas, se los vivaba
constantemente. Los hombres sabían quiénes iban a
conducirlos, y por ello estaban seguros de vencer
    A los soldados les gusta combatir bajo las órdenes
de generales de esta clase. Animémonos los unos a
los otros en el Señor; entonces tendremos el mayor
de los éxitos.

 

 

 

 

Sobre la oración privada del ministro y la unción
-de C.H.Spurgeom (1834-1892)-

    La gloriosa bendición que la oración privada atrae sobre el ministerio, es algo indescriptible e inimitable que mejor se entiende que se explica; es un rocio que viene del Señor, una presencia divina que reconoceréis en el acto cuando os digo que es “una unción del Santísimo.” ¿Y esto qué es? No sé cuánto tiempo tendríamos que devanarnos los sesos antes de expresar por medio de palabras, con la conveniente claridad, lo que se significa con la frase de predicar con unción; con todo; el que predica conoce la presencia de ella; y el que oye advierte pronto su ausencia.   Samaria, presa del hambre, tipifica un discurso sin unción; Jerusalén con sus festines hechos de animales cebados llenos de gordura, puede representar un sermón enriquecido con ella, Todo el mundo sabe lo que es la frescura de la mañana cuando se ostentan multitud de perlas orientales en cada una de las hojas de las yerbas; pero ¿quién puede describirla, ni mucho menos hacer que se produzca por si misma? Semejante a este es el misterio de la unción espiritual: nosotros lo conocemos, pero no podemos decir a los demás lo que es. Es una cosa tan fácil como necia el contrahacerla como acostumbran algunos empleando expresiones que llevan por objeto mostrar un ferviente amor, pero que muy a menudo indican un sentimentalismo enfermizo o mera jerigonza, tales son: “ ¡Querido Señor! ¡Dulce Jesús! “ etc.; vertidas por mayor, al grado de fastidiar.  Estas familiaridades pueden haber sido no sólo tolerables, sino aun hermosas, al ser vertidas por los labios de un santo de Dios que hablaba, por decirlo así, como salido de la misma gloria; pero cuando se repiten petulantemente, son no sólo intolerables, sino indecentes, si es que no profanas. Algunos se han esforzado en simular unción, dando a su voz un tono afectado y quejumbroso, volteando en blanco los ojos, y levantando las manos del modo más ridículo. Otros hermanos hay que llaman la inspiración haciendo contorsiones y lanzando gritos, pero no por eso les viene. A algunos hemos conocido también que interrumpen su discurso y exclaman: “Dios os bendiga; “ y a otros, por último, que gesticulan grotescamente, y se clavan las uñas en las palmas de las manos como si estuvieran sufriendo convulsiones de celestial ardor. ¡ Bah ! Todo eso no pasa de ser pura ficción. Tratar de avivar el fervor en el auditorio por el fingimiento de él de parte del predicador, es en éste un defecto repugnante que debe ser evitado por todo hombre de bien. “Afectar sentimiento,” dice Richard Cecil, “es cosa nauseabunda y que pronto se descubre; pero poseerlo realmente es el camino más expedito para llegar al corazón de los demás.” La unción es una cosa que no se puede manufacturar, y sus falsificaciones no sirven para nada; con todo, es en si misma de un precio inestimable y de todo punto necesario, si es que deseamos edificar a los creyentes y llevar los pecadores a Jesús.  Al que en secreto se pone en comunicación con Dios, se le hace poseedor de este secreto: cae sobre él el rocio del Señor, y en su torno se esparce el perfume que alegra el corazón. Si la unción que usamos no nos viene del Señor de los ejércitos, somos impostores, y puesto que sólo por medio de la oración podemos obtenerla, persistamos sin cesar en súplicas fervientes. Que vuestro vellón permanezca en la era de la oración, hasta que sea mojado con el rocío de los cielos. No vayáis a ministrar en el templo, hasta que os hayáis purificado en el lavacro. No penséis en llevar un mensaje de gracia a los demás, antes de haber visto al Dios de la gracia vosotros mismos, Y de haber recibido la palabra de sus labios.  El tiempo empleado en quieta postración del alma ante el Señor, es lo que más vigoriza. David “se sentaba ante el Señor; “ es una gran cosa asirse de estos sagrados asientos, por ser el entendimiento receptivo como una flor abierta que absorbe los rayos del sol, o como la lámina sensitiva fotográfica en que se retrata la imagen que se le pone enfrente.  La quietud que algunos hombres no pueden soportar porque revela su pobreza interior, es como un palacio de cedro para los sabios, porque a lo largo de sus atrios santificados, el rey en su hermosura se digna ir a pasear.

 “Discursos a Mis Estudiantes” de C.H.Spurgeon (1834 – 1892)

 

  La conclusión - de John Bunyan  (1628-1688)

   De todas las tentaciones que he sufrido en la vida, la peor es dudar de la existencia de Dios y de la verdad de su Evangelio, y ésta es la más difícil de sobrellevar. Cuando viene esta tentación, se me hunden los cimientos, y la tierra huye debajo de mis pies. He pensado con frecuencia en esta palabra: « Si se socavan los fundamentos, ¿qué podrá hacer el justo?» (Salmo 11 :3).

    Algunas veces, cuando he pecado y he esperado un gran castigo de la mano de Dios, en vez de ello he hecho nuevos descubrimientos de su gracia. Algunas veces, cuando he experimentado a paz de Dios, he visto que era un necio por haberme hundido en la tribulación. También, a veces, cuando me he hallado en medio de la tribulación, me he preguntado si debería dejar que se me consolara, porque estas dos cosas han sido una bendición para mí.

    Me parece muy extraño que aunque Dios a veces visita mi alma con cosas verdaderamente benditas, con todo, a veces, después, durante horas, me he sentido rodeado por una oscuridad tal que no puedo ni aun recordar cuál era el consuelo que había sido refrigerio para mí un poco antes.

    A veces, he sacado tanto de mi Biblia que apenas puedo sacar ni una gota de refrigerio de ella, aunque lo he buscado con afán.  De todos los temores, los mejores son los que son causados por la sangre de Cristo; y de todos los goces, los más dulces son los que se mezclan con lamentos sobre Cristo.

    Encuentro que hasta hoy, estos siete son los males de mi corazón:

- Inclinarse a la incredulidad.

- Olvidar repentinamente el amor y la misericordia que Cristo me ha mostrado.

- Inclinarme hacia las obras de la Ley.

- Distracción y frialdad en la oración.

- Olvidar el vigilar si mis oraciones son contestadas.

- Tendencia a murmurar por no tener más, y con todo estar dispuesto a abusar de lo que tengo.

- No puedo hacer ninguna de las cosas que Dios me manda, sin que mis pecados interfieran. «Cuando quiero hacer el bien, el mal presente en mí» Romanos 7:21).

    Aquí hay siete cosas que continuamente me oprimen, y con todo veo que Dios en su sabiduría me las ha dado para mi bien.

    Estas cosas mencionadas antes:

- Hacen que me deteste a mí mismo.

- Me impiden confiar en mi propio corazón. 

- Me convencen de la insuficiencia de toda justificación inherente en mí.

- Me muestran la necesidad de acogerme a Jesús.

- Me impulsan a orar a Dios.

- Me muestran la necesidad de velar y estar sobrios.

- Me impulsan a orar a Dios, por medio de Cristo, para que me ayude y me conduzca en este mundo.

   “Gracia Abundante”  John Bunyan (1628-1688)

Del amor al mundo
    No hay nada que estorbe más al alma cuando intenta
acudir a Cristo que el amor vano del mundo, y hasta que un
alma se libra de él, nunca puede tener un amor verdadero
hacia Dios.
    ¿Qué son los honores y las riquezas de este mundo cuando
se comparan con las glorias de la corona de vida?
    No ames al mundo, porque es una polilla en la vida
cristiana.
    El despreciar al mundo es una manera de disfrutar del
cielo; y bienaventurados son los que se deleitan en conversar
con Dios en oración.
    ¿Qué locura mayor puede haber que el que el hombre
trabaje por la comida que perece, y descuide el alimento de
la vida etema?
    Dios o el mundo tiene que ser puesto de lado en el mo-
mento de partir, porque éste es el momento de la prueba.
    El buscarte a ti mismo en esta vida es perderte, y el
mantenerse humilde es ser ensalzado.
    El epicuro que se deleita con las delicias del mundo pien-
sa poco en aquellas criaturas que un día van a ser testigos
contra él.
                                                          John Bunyan
                                                          (1628-1688)

 

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